domingo 2 de agosto de 2026 23.42

    Comunicado de Artistas autoconvocados

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    Los artistas autoconvocades queremos compartir nuestra opinión sobre el Salón Nacional de Azul.. Adjuntamos el reglamento que solo se puede conseguir solicitándolo:

    El Municipio de Azul ha decidido dejar de organizar el Salón Nacional de Pintura y Dibujo (SNPD), sin ninguna puesta en consideración que no sea con su propia ignominia. Al cabo de dos años consecutivos con “huelga” de ediciones, el Salón (el de Pintura y Dibujo) debía desarrollar su edición 37°.

    El Ejecutivo local, con la Secretaría de Cultura como mascarón de proa, reemplazó dicha edición por una novedad: el Salón Azul Nacional de Artes Visuales, una nebulosa con pretensiones de ámbito de fomento artístico. Y anuncia que se trata de la XXXVII edición, impostando una continuidad del SNPD.

    En mayo pasado se anunció públicamente la convocatoria a un Salón que, sorpresivamente, incluye siete categorías: pintura, dibujo, grabado, escultura, objeto, fotografía y videoarte. No le bastó a Cultura con ese híbrido y reservó un pliego más del factor sorpresa para el modo de competencia y la premiación: las siete categorías concursarán, JUNTAS, por un primer premio adquisición de $100.000. Se entendió, pero mejor es resaltarlo: quienes integren el jurado (un ÚNICO jurado) deberán analizar, comparar, disponer su sensibilidad y finalmente dictaminar –en un mismo “plano”– respecto a una foto, un audiovisual y una pintura.

    Los interrogantes se pelean por ganar la superficie que los haga visibles: ¿Qué jurado podrá argumentar por qué un audiovisual mereció mejor consideración que una escultura? ¿Siete categorías y un único premio? ¿De verdad consideran que ese Frankenstein debe ser asimilado y abordado como una nueva edición del SNPD? Es inadmisible que funcionarixs y colaboradorxs de una Secretaría de Cultura de un Municipio proyecten ambas realizaciones como parte de lo mismo.

    Por otro lado, el concurso de siete categorías de este nuevo Salón presupone una participación nutrida dado su carácter nacional. Se ha decidido por una preselección virtual como instancia inicial, luego de la cual se habilita la recepción efectiva de las obras. El SNPD, llegada esta instancia, concretaba la exposición pública de las obras seleccionadas, mismo ámbito donde se distinguían (incluso en el espacio) a las ganadoras en cada categoría. 

    El nuevo Salón que acaba de lanzar el Municipio convoca, como hemos marcado, a siete categorías en una misma competencia. Si al menos algo de la tradición se busca proteger, cuando el 17 de diciembre próximo (de acuerdo a la fecha oficial) se inaugure, tanto las obras preseleccionadas como las ganadoras deberían exponerse abiertamente. Aquí es propicio resaltar algunos aspectos: el reglamento habilita como medida máxima de obra (en determinadas categorías) 100 cm. por lado. Las esculturas, en tanto obras con tres dimensiones, llevan a considerar el espacio en torno para ser exhibidas, mientras que las expresiones audiovisuales necesitan de un montaje complejo, necesario por su formato. Por lo tanto, no cuesta imaginar que para albergar el volumen que presupone este nuevo Salón, el Municipio necesitará de un sitio de grandes dimensiones, no tratándose éste del único aspecto. Ese lugar, además de amplitud, también deberá ofrecer condiciones de montaje, curaduría y circulación del público en favor de la contemplación de lo expuesto. Con el Museo Municipal López Claro cerrado por falta de mantenimiento –que aunque de dimensiones algo reducidas, es el único sitio afín a la exposición que requiere un Salón de Artes–, ¿dónde tendrá lugar la “etapa pública” del mismo? ¿Qué epicentro habrá considerado el Municipio para albergar obras que no sólo necesitan ver favorecidas sus cualidades, sino también su preservación?  

    A propósito de esto, el reglamento de este nuevo Salón estipula que serán eliminadas las obras que no se adapten “a las disposiciones físicas del espacio expositivo de acuerdo a los criterios del jurado” (artículo 6 / inciso K). Ahora bien, la Secretaría de Cultura de la ciudad de Azul aún no informó cuál es ese espacio expositivo al que tienen que adaptarse las obras (tampoco dio a conocer las identidades de lxs integrantes del jurado); no lo hizo vía reglamento, como correspondería, ni tampoco de manera informal. Por ende, una obra puede quedar afuera del Salón por infligir un parámetro reglamentario que ignora.

    Ese “conflicto” en el reglamento nos lleva a prejuzgar que éste ha sido copiado y pegado sin miramientos (siguiendo con su ya instalada costumbre).

    Una conclusión a la que colectivamente arribamos es que este nuevo Salón no es otra cosa que una reacción al señalamiento, petitorio público mediante, que el Colectivo de Artistas Autoconvocades de Azul viene sosteniendo desde abril de 2022. Es una reacción que busca instalar en la opinión pública la fatua idea de que el Municipio “hace”, se ocupa de la cultura, a la que promueve y fomenta. En esa pirueta fracasa porque la desidia natural que lo determina es más fuerte que la impostura que políticamente le conviene ensayar.

    Lo que ha sido anunciado no es el Salón Nacional de Pintura y Dibujo, emblemático certamen que trascendió las fronteras locales gracias a su valía como promotor de esas disciplinas, y también en buena medida de las expresiones que contextualizó;  no es un premio ni es estímulo al artista. Es un premio nacional despectivo. Esto es un híbrido, una fachada mal construida, cuyo propio peso la hace tambalear. Y será la decisión de lxs artistas la que ponga en evidencia la precariedad y mezquindad de todo esto, aun en contextos de “emergencia cultural”, al aceptar o no la competitiva limosna que se les está ofreciendo.